Con tan solo cinco años, Tommy Chan enfrentó uno de los momentos más aterradores de su vida. Tuvo que someterse a una compleja cirugía a corazón abierto para salvarle la vida. El hospital bullía de médicos, enfermeras y familiares. En medio del olor a aspereza y la atmósfera tensa, Tommy yacía en su cama de hospital, abrazado a un pequeño peluche, mientras sus padres se abrazaban, rezando en silencio.
Archie era el fiel golden retriever de Tommy. Era el mejor amigo que un niño de cinco años podría desear. Es más, acompañaba a su pequeño humano cada vez que necesitaba ir al hospital para una revisión.

Llevar un perro a la habitación de un paciente era poco común, pero los médicos y enfermeras sabían lo mucho que Archie significaba para Tommy, así que decidieron hacer una excepción. Poco después, el perro estaba allí, junto a su amigo humano.