Las normas básicas de cortesía en el transporte público
Observa tu entorno con regularidad.
Las pantallas y los teléfonos captan fácilmente nuestra atención. Sin embargo, levantar la vista durante unos segundos a menudo nos permite percatarnos de que alguien podría necesitar ayuda.
Proponer sin imponer
Simplemente preguntar “¿Te gustaría sentarte?” suele ser la mejor opción. Esto le da a la otra persona la libertad de aceptar o rechazar sin ninguna incomodidad.
La amabilidad es contagiosa.
Un simple gesto de cortesía puede animar a otros pasajeros a hacer lo mismo. En el transporte público, la amabilidad suele tener un efecto dominó.
Respete los asientos prioritarios.
Incluso cuando el transporte público no está muy concurrido, dejar los asientos reservados libres evita que las personas afectadas tengan que pedir ayuda.
El papel del transporte urbano
Las autoridades de transporte también desempeñan un papel importante en la reducción de las tensiones sociales cotidianas.
Un equipamiento mejor diseñado, más asideros o distintivos que indiquen situaciones específicas permiten a los pasajeros comunicar sus necesidades con mayor facilidad y sin sentirse avergonzados.
Una pregunta sin una sola respuesta.
La imagen que se hizo viral probablemente no tenga una respuesta universal.
Funciona más bien como un espejo de nuestra propia empatía.
Tanto si se opta por ayudar a la madre, a la persona herida o a la mujer embarazada, el simple hecho de reflexionar sobre este tema ya demuestra una forma de consideración hacia los demás.
En definitiva, el mejor pasajero suele ser aquel que acepta una ligera incomodidad personal para permitir que otra persona viaje de forma segura y más tranquila.
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